Kikimimizukin
Hace mucho, mucho tiempo, vivía un anciano en el fondo de una montaña.
Este iba todos los días a la montaña para recoger leña.
Un dia, camino a casa, se encontró con un zorrillo, el cual quería recoger uvas pero no podía porque tenía paralizada una pierna.
El anciano al verlo, le ayudó a recoger las uvas.
El zorrillo le agradeció.
Pinturas Ukiyo-e de Kintaro
Kintaro (que significa Niño de Oro) , es un niño héroe popular que encarna la fuerza y la valentía, aparece en estatuas, libros de cuentos, anime, manga, Noh, Kabuki y dulces. Y también fue objeto de numerosos grabados en madera del período Edo.
Diversas leyendas dicen que Kintaro fue criado por una ogro Yamamba en la montaña, donde aprendió a comunicarse con los animales. En esta impresión de Kuniyoshi, Kintaro lleva un dragón haramaki y arbitra una lucha de sumo entre un conejo y un mono, mientras que un misterioso demonio azul y un Tengu observan.

Kintaro Referees Sumo Bout Between Rabbit & Monkey (Kuniyoshi, ca. 1830)
El fantasma de la mujer de la nieve - cuento tradicional
En el pueblo de Hoi, una aldea de apenas once casas, todas muy pobres, vivía Kyuzaemon. Era muy pobre y doblemente desafortunado porque había perdido al mismo tiempo a su hijo y a su esposa. Llevaba una vida solitaria.
En el atardecer del día 19 de Enero del tercer año de Tenpo, es decir, 1833, una tremenda tormenta de nieve se abatió sobre la zona.
Cerró las contraventanas y se instaló en casa lo más confortable que pudo. Hacia las once de la noche le despertó un ruido como de arañazos en la puerta; era un ruido muy peculiar y se oía a intervalos regulares.
Momotaro - Cuento tradicional japonés
Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar de Japón vivía una pareja de ancianos.
Un día el anciano salió a la montaña a recoger leña mientras que su esposa fue al río para lavar ropa. En eso estaba cuando vio a un enorme melocotón que bajaba por el río, aguas abajo. Ella lo recogió y se lo llevó a casa.
El anciano al llegar a casa se sorprendió al ver tan enorme melocotón! y dijo: “¡Qué melocotón tan grande!, ¿lo cortamos? y la anciana contestó: “¡Sí, vamos a cortarlo!”.
En ese momento el melocotón empezó a moverse, se rompió y de su interior salió un niño.
Urashima y la tortuga
Urashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima.
Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vio a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo, hubieran acabado por matarla, y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos, pensó dejarla en libertad, y para ello fue hacia la playa. Una vez allí, la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vio cómo la tortuga se alejaba poco a poco, y cuando la perdió de vista, Urashima regresó a su casa. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos.










